miércoles, 7 de febrero de 2024

Treinta y dos

Hoy te ponés la falda verde que te queda tan bien. Y la blusa blanca con pequeñas mariposas amarillas, sabés que le gusta cómo te queda. Lo sabés porque él te regaló ese conjunto.
Te peinas con una sola trenza. Mientras cepillás tu pelo, él viene a tu mente. Sonreis. Te acordas de su risa y sus ojos que se achican al mostrar cara de felicidad. Conocés cada detalle de su rostro. La arruga que se le marca en la frente cuando esta pensativo o los hoyuelos de su sonrisa cuando vos le decis que te dejan ciega sus perfectos dientes blancos. Sabés que tiene treinta y dos pecas en su rostro. ¡Treinta y dos! Como los años que hoy cumplís.
Mientras delineas tus ojos color noche, observas en el espejo como brillan. “Parecen dos luceros” te dijo un día. Y vos cada noche los buscas en el cielo. Ese cielo que te vio junto a él mientras se confesaban cuánto se querían. 
Escuchás esa canción que vos cantabas mientras él tocaba la guitarra. Y la tarareas mientras buscas las sandalias. Verdes, porque a vos te gusta estar a tono. 
Te tocan la puerta y te sonrojas. Sabés que es él. Viene a buscarte con la torta de cumple en la mano y un regalo en la otra. Te preguntás que podrá regalarte esta vez. “Que sea un beso” pedís enamorada.
Tocan la puerta de nuevo y vas a abrir.
- ¡Otra vez con la misma historia! - te dicen, pero vos no entendés. Solo ves la cara de enojo de tu papá que te grita en la puerta de tu cuarto.
-Calmate- escuchás a tu mamá -Querida- te dice dulcemente- por favor recordá. El no vendrá.
Vos sonreís, sabés que ellos se equivocan y sí vendrá. Cómo no hacerlo si se aman tanto. Vos sonreís con calma y ojos perdidos en el pasado.
- ¡No insistas! Por favor, comprendé de una buena vez que él se fue- grita tu papá.
Entre brumas del pasado, algo te causa dolor. Recordás esa boca de dientes blancos diciendo “ya no te quiero, me voy a casar con otra”. Te reís, sabés que esa noche sus dientes te encandilaron y escuchaste mal. Pensas que Mamá y Papá también escucharon mal cuando él te trajo.  
Volvés a tu cuarto y te sentás en la cama. Mirás el cielo, buscas los luceros, mientras lo esperás.
María Fernanda Rossi

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