Te peinas con una sola trenza. Mientras cepillás tu pelo, él viene a tu mente. Sonreis. Te acordas de su risa y sus ojos que se achican al mostrar cara de felicidad. Conocés cada detalle de su rostro. La arruga que se le marca en la frente cuando esta pensativo o los hoyuelos de su sonrisa cuando vos le decis que te dejan ciega sus perfectos dientes blancos. Sabés que tiene treinta y dos pecas en su rostro. ¡Treinta y dos! Como los años que hoy cumplís.
Mientras delineas tus ojos color noche, observas en el espejo como brillan. “Parecen dos luceros” te dijo un día. Y vos cada noche los buscas en el cielo. Ese cielo que te vio junto a él mientras se confesaban cuánto se querían.
Escuchás esa canción que vos cantabas mientras él tocaba la guitarra. Y la tarareas mientras buscas las sandalias. Verdes, porque a vos te gusta estar a tono.
Te tocan la puerta y te sonrojas. Sabés que es él. Viene a buscarte con la torta de cumple en la mano y un regalo en la otra. Te preguntás que podrá regalarte esta vez. “Que sea un beso” pedís enamorada.
Tocan la puerta de nuevo y vas a abrir.
- ¡Otra vez con la misma historia! - te dicen, pero vos no entendés. Solo ves la cara de enojo de tu papá que te grita en la puerta de tu cuarto.
-Calmate- escuchás a tu mamá -Querida- te dice dulcemente- por favor recordá. El no vendrá.
Vos sonreís, sabés que ellos se equivocan y sí vendrá. Cómo no hacerlo si se aman tanto. Vos sonreís con calma y ojos perdidos en el pasado.
- ¡No insistas! Por favor, comprendé de una buena vez que él se fue- grita tu papá.
Entre brumas del pasado, algo te causa dolor. Recordás esa boca de dientes blancos diciendo “ya no te quiero, me voy a casar con otra”. Te reís, sabés que esa noche sus dientes te encandilaron y escuchaste mal. Pensas que Mamá y Papá también escucharon mal cuando él te trajo.
Volvés a tu cuarto y te sentás en la cama. Mirás el cielo, buscas los luceros, mientras lo esperás.
María Fernanda Rossi
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