domingo, 4 de febrero de 2024

Mentira

Mentiras. ¿Acaso existen las llamadas piadosas? Quizás uno se recibe de actor en la escuela de la vida y va, como Pancho por su casa, representando una tragicomedia. O como Doña Ubenza, que ríe por fuera y llora por dentro. Aún no lo sé. No me entiendo. Tampoco entiendo a ese hombre que es mi marido. Mentimos. Ese cartelito lo pegaría en nuestras frentes y espaldas, para advertir a la gente. Mentimos.
Al principio de todo creo que no. Quizás fue idealización pura y dura, ¿pero mentira? No, no lo creo. El conocernos, mirarnos, sonreírnos y tomarnos de la mano fue real. El sentir que el otro nos entendía y nos amaba, también. El querer acompañarnos hasta que la muerte nos separe…cómo olvidarlo. Lo sentí en cada fibra de mi cuerpo joven. Fuimos honestos al prometernos ese final juntos. ¿Entonces? ¿Qué nos rompió la verdad convirtiendo en infinitas mentiras nuestro presente?
No lo sé. Por lo menos en eso soy honesta. Sé que en el fondo vos tampoco lo sabés. A través de todas tus críticas, de todas esas palabras cuchillo que te gusta lanzar contra mí (confieso que muchas veces te las devuelvo, las veo en tu cara de dolor cuando te regresan), veo al hombre asustado, al mentiroso atrapado en el escudo de la verdad irrefutable.
Mentimos. ¿La gente no se entera? Una pareja perfecta, un matrimonio ideal, son rótulos que pesan. Sobre todo, cuando sabemos que todo es una mentira que se sostiene puertas afuera. Dentro del hogar, nido que cobija la verdad, no somos más que dos babilónicos. No entendemos que dice el otro, o quizás fue la mentira que deformó tanto la realidad que no hay desnudez suficiente que muestra la verdadera identidad del otro.
Al quitarnos todo, las palabras cuchillo, las miradas de desdén, los silencios vacíos, solo quedó la verdad. Y en esa Verdad no nos reconocimos.

María Fernanda Rossi


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