jueves, 15 de agosto de 2013

Éste es mi pequeño regalo a todos los niños, incluso a aquellos que están encerrados, bajo siete llaves, dentro de nosotros. Ojalá que el domingo sepamos abrirle la puerta para salir a jugar.



El zapato de Jésica

¿Qué quién era Jésica? Una niña. Pequeña y flaca. Un palito.
Lo más grande que tenía Jésica eran sus ojos. Ojos pícaros, que se movían curiosos por un rostro redondito de tierra, moreno y salpicado de gotas de barro.
Jésica era inquieta y juguetona. Vivía en una pequeña construcción hecha con tablones de madera que sostenían mágicamente las chapas que techaban el recinto.
Su mundo de fantasía estaba súper poblado por trozos de juguetes que conseguía aquí y allá. La gringa, era una cabeza de muñeca flaca que Jésica, peinaba según la moda. El Fito, un soldado apaleado, que cuando cayó en sus manos ya le faltaba una pierna y un brazo. Pero a la niña no le había importado, era un buen candidato pa’la gringa, que estaba tan solita… Y así seguía la colección de habitantes mutilados, el “yip” sin ruedas, la pelota agujereada, el trompo sin luz…
 Todos tenían un lugar dentro de una caja roja de zapatos, el arcón de los tesoros más importantes en la vida de Jésica.

Un día, como cualquier otro, acompañó a su abuelo hasta el basural para juntar botellas de plástico.
Como siempre, Jésica corría de aquí para allá. “Aquí hay una, Tatita”, “aquí otra”, indicaba al anciano encorvado que cuidaba de ella, casi ciego gracias a los avatares de la vida, como los juguetes de la cajita roja.
Buscona y curiosa corría entre el basural, cuando de pronto se quedó clavada en su lugar. Un zapato, nada espectacular, negro, pequeño como ella, sobresalía entre cartones de leche y pañales usados.
Quién sabe por qué, Jésica se acercó despacio y lo tomó con cuidado.
Un moño del mismo cuero, color negro, era la única decoración del zapato. Un zapato nada especial, al fin y al cabo era uno solo, ni siquiera estaba su par. Tampoco estaba roto o muy usado.
Entonces, ¿por qué Jésica se lo llevó? ¿por qué lo puso sobre todos los juguetes de la caja roja, como la joya mas importante de todo sus tesoros? Yo no lo sé y creo que Jésica tampoco.
Cada día miraba a su zapato desde lejos, distraída. Ya no jugaba, ni saltaba, ni reía.
El abuelo, a pesar de la mala vista, notó el cambio en la niña.
Se acercaba el día del niño y no tenía dinero para comprarle juguetes. Pero sus años, con las canas a cuesta, no habían pasado en vano. Sabía que el mejor regalo que podía dar a su nieta no se compraba con billetes, sino con tiempo.
Así que tomó a Jésica de la mano y la llevó a la plaza.
El lugar estaba atestado de chicos, era el día del niño.
Muchos jugaban con sus juguetes nuevos, otros corrían remontando barriletes multicolores. Era un bullicio de gritos y risas infantiles.
Jésica miraba a saltitos para todos lados, buscando algo.
¿Por qué había llevado su zapato negro, con moño negro, nada especial, con ella? No lo sabía, hasta que lo supo.
Tironeó de la mano de su abuelo, apurándolo.
Debajo de un árbol, como cualquier árbol de la plaza; sentada en un banco, como cualquier otro banco, una niña de ojos perdidos tenía entre sus manos un zapato negro, con moño negro, nada especial.
Jésica, no conocía palabras como autismo, pero sabía lo que era tener un mundo propio, un mundo mágico.

Se acercó a la niña y le entregó su zapato. La niña no se movió. Pero cuando los zapatos negros, con moños negros, nada especiales, estuvieron juntos, la niña sonrió.
                                                                   
                                                                                        Agosto, 2.013
                                                                                   María Fernanda Rossi

martes, 13 de agosto de 2013

Día del niño


Cuando llega la hora de decidir qué le regalaremos a los chicos en su día, muchos optamos por los libros. Vamos a la librería, elegimos el que más nos gusta, lo envuelven para regalo y salimos con ese sonrisa de enorme satisfacción.

Llega el domingo, y con el sentimiento del deber cumplido, le entregamos el paquete junto a una gran sonrisa ¡Regalamos un libro! Estamos acercando a los pequeños a la literatura ¡Bien hecho!

Pero, ¿qué sucede con el niño? Con ansiedad, desgarra el envoltorio y encuentra un libro: hojas, letras y, con suerte, algún dibujo. Le hace acordar a la Seño, a la escuela... Miramos su carita desilusionada y el alma se nos viene al piso.

¡Pero no! Porque es justamente en ese momento en que llega el verdadero regalo. Tomamos el libro entre nuestras manos y, a modo de poderoso conjuro, pronunciamos las palabras mágicas: "¿lo leemos?". Este simple abracadabra literario transforma ese conjunto de papel, dibujos y letras en una puerta, que al ser abierta convierte al niño y adulto en personajes de ficción. Juntos emprenden vuelo hacia la tierra de las letras y comparten la aventura, el misterio y el amor.

Al regalar un libro damos más que diversión y placer. Regalamos nuestro tiempo, nuestra presencia. Este se convierte, gracias a la magia de los libros, en un recuerdo poderoso que siempre será evocado con una sonrisa.

Les dejo una frase del Cuentacuentos Paco Abril, "La ilusión y la pasión por cualquier cosa no se enseña, se transmite".



jueves, 9 de mayo de 2013

11 de Mayo, día del Himno Nacional Argentino


El 11 de mayo los argentinos festejamos la creación de nuestro Himno Nacional. Soy muy afortunada de tener este facsímil del ejemplar adquirido por la Caja Nacional de Ahorro Postal y donado al Museo Histórico Nacional, editado en Buenos Aires, Almacén de Música de Machado y Cª, en el año de 1.860. Por eso quiero compartirlo con ustedes, lean la historia de cómo Vicente López y Planes, un joven patriota de veintinueve años de edad, vive el momento de escribir nuestra canción nacional. Cómo se siente atormentado por la efervescencia de ese momento de cambios que marcarían nuestra nación. Por último, encontrarán la letra completa del Himno original que fue modificada o ajustada según el decreto del P.E. de fecha 25 de septiembre de 1928, bajo la segunda presidencia de  Julio Argentino Roca. Esta versión ajustada es la conocemos y cantamos en la actualidad. 
"Desde un polo hasta el otro resuena
De la fama el sonoro clarín,
Y de América el nombre enseñando
Les repite, mortales oíd:
Ya su trono dignísimo abrieron
Las Provincia Unidas del Sud,
Y los libres del mundo responden
Al gran pueblo Argentino: salud."






sábado, 20 de abril de 2013



Búsqueda Americana


América:
Una tarde salí por tus calles a buscarte
Porque dentro del alma, bien adentro,
Yo te sentía dolerme con toda tu garganta.
Te fui a encontrar tristísima en la pampa.
Un gaucho solitario te llevaba en la espalda; eras una
        guitarra.
Cuando la noche se derrumbó en tus hombros,
Te ibas en vidalitas cielo arriba como un adiós quemado.

Porque tu sangre es de guitarra viva,
Porque vienes golpeándonos la boca, desnudada y
        altísima,
Y te nos vuelcas largo sobre el vino,
Yo te he visto salir una mañana
Cuando la luz iba de casa en casa.
Salir de una cantina, tambaleante y alegre
Hablando sola de tus mocedades.
Una baguala antigua te lloraba en la lengua.

Porque a veces te busqué tu sombra espesa en los
        cañaverales dulces,
En tus indios que tejen su corazón y su miseria con
        sonoros colores,
Y te miré en sus huacos y en sus ollas yéndote hacia
        tus dioses.
En ellos, que amasaban en greda tu misma carne,
        estabas.
Era la fiesta del maíz, entonces.
Del maíz y la chicha.
Y de las alegrías abiertas como frutas al sol. Y de las
        danzas.
Todo el pelo retinto te embarraba la cara y te golpeaba
        el lomo.

La chicha corría sus veranos crecidos por los labios
Y la aloja manaba como un alba líquida.

En Bolivia era entonces.
Yo fui quien te siguió toda la noche de posada en posada
Como a una amante desdeñosa de todos.
Y fuimos a las minas de socavones solos.
Allí te vi desmelenada, entre barretas y entre dinamitas,
Comer callada
Cuando el mediodía era negro de minerales enterrados.
Sin embargo, cuando salías al sol,
En el charango tu pelo se hacía música
Y era como si te lloraran  las vertientes.
Y cuando los mineros dormían su turbia borrachera,
Tú, alta y maternal, dolida, los mirabas.
Agua de ají era tu llanto entonces.

También sabía encontrarte entre músicos pobres
En los trasfondos de peluquerías.
La canción era en ellos una humildad cantada,
Una manualidad celeste,
Un doliente recuerdo de días memorables,
Un acordarse adentro con abuelas gastándose en los
        ojos,
Un quedarse a pisar todos sus muertos y a velar sus
        cenizas,
Un irse hasta la tierra,
Y en pena y vino
Era esa voz lo que los doblegaba.

Te pienso de salar en salar, de pampa en pampa,
Yéndote por las coplas jubilosa de savia,
Llenándote la boca de tonadas al hombre,
Partiéndole la panza a puñaladas
Por la injuria violenta con que se injuria la canción a
        veces;
Ocasiones te encuentro inocentona
Jugando entre los indios hecha jarra de barro, fuego
        quieto,
Yaciendo entre la noche como animal cansado bajo el
        estrellerío.


Del libro: CASTILLA, MANUEL J., “Posesión entre Pájaros”, Poemas, A. Burnichon Editor, Salta, 1966

¡Mucho gusto!

¡Hola a todos!
Soy María Fernanda Rossi, un ama de casa muy inquieta y con ganas de llegar a todos, a través de mis narraciones en forma de libros y cuentos.
Me gusta mucho escribir historias que tengan que ver con Salta, mi provincia. Así que les propongo un espacio en donde podamos interactuar y contarnos mutuamente.
¡Saludos!