martes, 13 de agosto de 2013

Día del niño


Cuando llega la hora de decidir qué le regalaremos a los chicos en su día, muchos optamos por los libros. Vamos a la librería, elegimos el que más nos gusta, lo envuelven para regalo y salimos con ese sonrisa de enorme satisfacción.

Llega el domingo, y con el sentimiento del deber cumplido, le entregamos el paquete junto a una gran sonrisa ¡Regalamos un libro! Estamos acercando a los pequeños a la literatura ¡Bien hecho!

Pero, ¿qué sucede con el niño? Con ansiedad, desgarra el envoltorio y encuentra un libro: hojas, letras y, con suerte, algún dibujo. Le hace acordar a la Seño, a la escuela... Miramos su carita desilusionada y el alma se nos viene al piso.

¡Pero no! Porque es justamente en ese momento en que llega el verdadero regalo. Tomamos el libro entre nuestras manos y, a modo de poderoso conjuro, pronunciamos las palabras mágicas: "¿lo leemos?". Este simple abracadabra literario transforma ese conjunto de papel, dibujos y letras en una puerta, que al ser abierta convierte al niño y adulto en personajes de ficción. Juntos emprenden vuelo hacia la tierra de las letras y comparten la aventura, el misterio y el amor.

Al regalar un libro damos más que diversión y placer. Regalamos nuestro tiempo, nuestra presencia. Este se convierte, gracias a la magia de los libros, en un recuerdo poderoso que siempre será evocado con una sonrisa.

Les dejo una frase del Cuentacuentos Paco Abril, "La ilusión y la pasión por cualquier cosa no se enseña, se transmite".



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